22.6.05

La chava m�s fresa.

El bocho desaceler� por el Eje y ella, dentro, ya ansiaba pisar las baldosas de la Plaza Garibaldi, nuevamente. Pag�, baj� y levant� la mirada. No estaba all� en el lugar que hab�an acordado. Entonces pase� alrededor de la plaza, mirando sin mirar, buscando y esperando... Luego de un tiempo, el hambre atac� primero. Ya sentada frente a una mesa, pidi� unas botanas, sin jalape�os para ella. La noche ganaba su espacio, suave, como siempre lo hace all�: con gente que paga por una canci�n, mariachis que afinan trompetas, que practican acordes con sus guitarras, las estatuas en sus tarimas, la poes�a en el aire y Jos� Alfredo en los corazones. Lentamente, y para hacer tiempo, repas� las horas previas, caminando por el z�calo y confes�ndose (in�tilmente) en la Catedral. C�mo le gustaba caminar por DF, como la primera vez, como esa que la enamor� definitivamente. La gente, los olores, la m�sica constante, permanente, en el ambiente. Era caminar por Chapultepec, era ver el tr�nsito de Insurgentes. Era la vida, que sent�a en cada esquina. Fue un poco m�s all�, record� Xochimilco, record� la laguna y las chelas sobre una trajinera, lenta y florida, La Lupita, que los llev� por dos horas a ning�n lado. Record� los besos, record� el hotel. Record� las canciones a la noche, el contorno de la guitarra apenas iluminada. Pero el tiempo tuvo que derramarse. Ella viaj�, mas siempre estuvo en esa plaza. Siempre fue una estrofa de una canci�n, siempre fue un contrapunto, siempre fue esperada cada vez que se abr�a la puerta de un bocho. Y ahi estaba, esperando. Y fueron dos, tres, cuatro caballitos. Don Julio, como aquella vez. Ya la noche dominaba y casi todos los mariachis de la plaza hab�an pasado frente a ella, sin �nimos de lucro, le habr�an tocado todo su repertorio gratis, solo por el oficio de cantar a la mujer m�s hermosa de la plaza. Y la m�s solitaria. Pag� la cuenta y le dej� unos pesos al chavo que se ofreci� a correrle la silla, que acto seguido pidi� un poco de tepache. Avanz� desliz�ndose como ella sab�a hacerlo, hacia el Eje, y not� la plaza en silencio, extra�o milagro que se produc�a para ella. Y desde el kiosko, desde aquel lugar que donde alguna vez le dijeron que era el deber del mariachi cantar, pudo verlo.
Yo s� bien que estoy afuera pero el dia en que yo me muera s� que tendras que llorar �Llorar y llorar llorar y llorar!
Y lo oy�. Y llor�. Y toda Garibaldi, de nuevo, estuvo a sus pies.

6 comentarios:

Laleft dijo...

Y pensar que hay gente que espera de los blogs un mont�n de confesiones, que no se le animan a un post largo, que leen entre l�neas un cuento. No invento.

Encontrarse, entonces, con estos post a m� me sigue resultando un maravilloso privilegio.

Sagi dijo...

Si en lugar de Garibaldi fuera la Tapat�a; y en lugar de "El Rey", fuera "Am�monos", podr�a decir que esa historia la he vivido en alguna ocasi�

Sagi dijo...

Lo que s� es igual, son los caballitos y Don Julio.

Antonio Rivera dijo...

no est� "la tapat�a" un poco lejos de xochimilco? o_O

Sagi dijo...

�Es capciosa tu pregunta?


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Webstudio dijo...

Chicos, chicos... no se peleen,

Supongo que cambiando muchas cosas, o pocas, o ninguna, esa historia se debe repetir bastante seguido, desde tiempos inmemoriables.
Solo que particularme en Plaza Garibaldi, tiene un gusto y un sabor a M�xico muy particular, que saben que me agrada.